Lo hacemos porque nos sentimos agradecidos. Los líderes y organizadores de la IAF aprecian profundamente el trabajo, la pelea y, en ocasiones, el sacrificio de la propia vida, de nuestros padres y madres, por defender nuestras tradiciones democráticas. Valoramos la tradición de los sindicatos organizados y del derecho de los trabajadores que han protegido a tantos millones de americanos, y que han ayudado a que se humanice y comparta la prosperidad que sabemos posible. Honramos las numerosas tradiciones religiosas (Cristiana, Judía, Islámica, entre otras) que informan de nuestra acción pública y profundizan nuestro entendimiento. Sabemos cuán afortunados somos de vivir en un país formado por estas y otras fuerzas extraordinarias.
Lo hacemos porque estamos enojados. Diariamente experimentamos los obstáculos que el vivir, la libertad y la felicidad requieren enfrentar. Nuestros hijos asisten a escuelas que no están en capacidad o no desean brindar una educación básica decente. Nuestros vecinos viven en viviendas públicas que cuentan con un mantenimiento pobre, están sucias, y en condiciones poco saludables. Nuestras familias caminan por calles plagadas de criminales muchas veces ignorados por la policía. Nuestros miembros trabajan por un salario mínimo, o pobre, o temporal, a menudo sin los beneficios adecuados. Nuestras ciudades se ven afectadas por la decisión de nuestras autoridades políticas de poner mayor atención a eventos superficiales que no dejan nada productivo, mientras que al mismo tiempo, tenemos vecindarios que se están deteriorando y a su población huyendo de esta situación. Estas y otras realidades son las que nos incitan a tomar acción organizadamente.
Lo hacemos porque tenemos esperanza. Creemos que podemos vencer todos los obstáculos que se interponen en nuestro camino. Sabemos que podemos construir casas, reducir el crimen, mejorar y empezar nuevas escuelas, reconstruir comunidades enteras, aumentar los salarios, y mantener este mismo ánimo por meses, años, décadas.